domingo, 6 de mayo de 2018

En 48 hs

En 48 hs parto en el vuelo de la tarde a la capital y de ahí, a este viaje soñado y tantas veces planificado.
Llegar y mirar el cielo de la tarde en el emisferio Norte, será un deseo cumplido, anhelado desde hace más de veinte años.
Me cuesta poder calmar mi ansiedad y mis nervios, pero poco a poco y dejando que todo fluya, lo voy logrando.
Ahora es tiempo de disfrutar mucho.

martes, 3 de abril de 2018

Divagando a la mañana



Era un día como cualquier otro.
Me desperté tranquila, y poco a poco fui moviéndome en la cama. Esos despertares me gustan. El silencio era profundo, pero igual escuché un auto en la calle y un pájaro que cantaba. Abrí y cerré varias veces los ojos, hasta que estos se acostumbraron a la luz del día. 
Lentamente me bajé de la cama, me calcé las ojotas, y me fui al baño. Me miré al espejo y ví mi pelo canoso revuelto. Me gustó. Tenía puesto un camisón rosa, una de la prendas que más amaba de mi lencería. Estaba viejita y gastada, pero la seda era suave y aterciopelada. Lavé mi cara con agua fría, para despabilarme,  y cepillé mis dientes con fuerza. Aún estaban todos, blancos y sin que se note el paso del tiempo. A pesar de que ya casi llegaba a los sesenta, tenía una dentadura excelente, y sin ningún implante, carie o problema dental. Era mi orgullo sin lugar a dudas. 
Me sonreí con esa sonrisa ficticia, que siempre me mostraba, frente al espejo y me calcé la bata que estaba colgada detrás de la puerta. 
El otoño asomaba en el sol pálido de esa mañana. Parecía que se presentaba tranquila y sin sobresaltos. Caminé lentamente hacia la cocina y me exprimí un limón amarillo, en una vaso y me lo tomé de un trago. Era una costumbre desde hacía muchos años. Medio limón exprimido en ayunas. 
Llené la pava eléctrica de agua, y puse yerba al mate. Cuando el agua estuvo a la temperatura adecuada, la volqué en el termo y con el mate en la otra mano me fui a mi escritorio. 
Hoy tenía que escribir todo mis bollos de pensamientos que estaban en la cabeza dispuestos a disparar sobre el teclado para transformarse en esa hilera de palabras desordenadas sobre la página en blanco. Hacía días que estaba con una idea que me daba vueltas en la cabeza y se escabullía sin aviso cuando me sentaba a sacarla a la luz. 
Apoyé el termo y el mate sobre el escritorio sobre una carpeta colocada para tal fin y me serví un mate amargo. La espuma de ese primero, era olorosa y al primer sorbo supe que estaba bien amarga y con el agua a la temperatura exacta. Lo saboree un breve segundo y tragué ese elixir americano. 
Mi cabeza comenzó a pensar en eso y las ideas de escritura dieron una vuelta de ciento ochenta grados, virando a mundos lejanos llenos de selvas y aves exóticas que había conocido en Misiones, en un viaje a las plantaciones de yerba mate que había realizado hacía unos años, camino a las cataratas del Iguazú. 
Al sorber el último trago del mate, el ruido me trajo nuevamente a mi escritorio y miré la computadora con la hoja en blanco. 
Allí estaba desafiante, se oyó un pájaro cantando, pensé que era un gorrión. Y luego pasó una moto por la calle. Todo me distraía y nada me concentraba. 
Puse la fecha y edité la página. Hoy tenía ganas de cambiar de letra - la Arial por la Times New Roman- y eso hice. 
De pronto, puse mis manos en el teclado de mi macmery y las letras y palabras comenzaron a bailar sobre el papel en una danza circular y simétrica como una danza exótica respondiendo a una música psicodélica y extraña. Me sumergí en ese mar de criaturas insólitas moviendo los dedos de una manera autómata, y procurando tener los ojos abiertos en este laberinto de agua, arena y peces extraños. 
De pronto sonó una alarma, que me pareció lejana e insistente. Mis dedos seguían brincando sobre letras y comandos en forma armónica llenando algunas páginas alineadas en formas prolijas y negras. Eso me sacó de mi ensimismamiento y paré en un punto y aparte. 
Me serví otro matecito que estaba un poco tibio, pero que tomé igual y levanté la vista al escuchar nuevamente el sonido de un timbre. Efectivamente era la puerta y alguien que llamaba insistente. 
Al levantarme de la silla, huelo y veo humo negro en la habitación y salto hacia la cocina. Con estupor observo la tostadora en llamas abrazando todo a su alrededor. 

Preparando mi viaje

Hoy tomé conciencia que pronto emprenderé un viaje anhelado durante mucho tiempo.
Comencé a ahorrar hace algunos años para ese fin. Un viaje a la capital de la civilización humana del último siglo. La ciudad llena de rascacielos de espejos y vidrios que contiene una singular fisonomía que es el perfil del mundo moderno del futuro.
Muchos años atras, decidí que quería conocer esa ciudad, la gran manzana. Para ello me he ido preparando paso a paso. Lento pero firme. Poco a poco, comencé a buscar las páginas que me contaban cómo era aquello y como conseguir llegar.
Mi mente se mimetizaba con sus peatones en esas enormes calles llenas de gente y de ilusiones. La mía era una, y allí iba yo caminando, con la mirada puesta al frente, al costado, arriba, al suelo. Todo me sorprendía, me apabullaba, me eclipsaba, sin quererlo.
Pero luego me daba cuenta que estaba soñando con los ojos cerrados en ese mundo desconocido pero recorrido por mi mente en infinidad de paseos y caminatas.
Pronto el deseo se fue transformando en realidad. Y con el dinero aproximado, comencé a buscar pasaje. Primero no tenía fecha, luego decidí una en primavera. Ahí surgió un dilema, ¿en qué estación del año viajar a ese lugar tan ansiado? Finalmente lo decidí casi sin darme cuenta. Quería ir en primavera. La estación del amor y de las flores. Quería ver esa imponente ciudad llena de luz y con el brillo de los colores de la primavera.
Ahora que se acerca el tiempo del viaje, estoy comenzando a disfrutar de todo eso.
Ah, aún sólo una persona sabe que viajo. Mi hija, las demás relaciones y amigos no están enterados. Saben, por supuesto que deseo ir a esa lejana ciudad, pero no que ya tengo todo previsto.
Aún no puedo creerlo, pero es así. Un nueve viajaré y llegaré temprano a la tarde. De allí al Hostel. Ese lugar fue elegido justamente para estar cerca del tan emblemático Parque Central. Ahí quiero sentarme a mirar el mundo y escribir mirando desde el verde la ciudad de Nueva York.

sábado, 13 de enero de 2018

 Martes 05/09/17

Lo sucedido.


Las imágenes se sucedían en forma aleatoria frente a sus ojos cansados. Tenía la vista absorta, como mirando un punto de luz en el horizonte. Se había enterado de lo sucedido hacía unos minutos. Pidió estar a solas y se quedó parado frente a la ventana, dónde se ocultaba la luz del día entre las sombras de los arboles del jardín. No miraba en absoluto y todo le pasaba como una película en su mente. Ahora nada se podía modificar. Recordó una anécdota de un viaje, y una sonrisa tipo mueca se dibujó en su boca. Nunca se imaginó este desenlace fatal. Cuanto tiempo habría pasado ya ? No lo sabía, pero intuía que era bastante y afuera estarían preocupados por él. Así que con cierta parsimonia, se dirigió a la puerta principal de la habitación y tomo el picaporte, y ahí se quedó un segundo estático. Como una ráfaga se la pasó por la mente un sinfín de situaciones que habían vivido juntos desde la infancia. Pasó ese segundo de recuerdos y movió el pomo de la puerta hacia afuera. El aire frío de la calle lo impactó en la cara y miró a todos alrededor con cara de piedra. Ahí expresó algunas palabras y se abrazó con Inés que tenía lágrimas en las mejillas. De pronto le vinieron miles de gotas desde sus ojos cayendo raudas por sus mejillas. Las distancias son largas y se estiran cuando es muy triste lo que sucede. 
Mi Macmary

Estoy con mi computadora nueva a la que le puse de nombre MacMary. Es una bella computadora, color plata, con esa manzana blanca brillante en la tapa. Aún estoy viendo y observándola. Es rara y me desconcierta su esquiva forma de ocultarse. No se muestra, está rehacía, distante. Creo que es tímida, pero le cuesta darse a conocer con desconocidos. Y recién nos estamos mirando y observando. Creo que soy un poco parecida, aunque yo estoy curiosa por tocarla, y pincharla para que despierte. Pero aún no se bien cómo puedo hacerlo para que todo sea más armonioso. 
Le hablé y le conté la alegría que tengo de que esté conmigo. Qué la quiero cuidar, que hace mucho que la espero y la deseo. EL silencio es su respuesta. Aún no he podido escuchar su voz. Está esquiva, pero la observo y de reojo me mira. Oh, me habló! Si me habló, y me indicó algo que estaba esperando. Bueno, ha comenzado nuestra relación en este momento. 
Martes 05/09/17 


Esa Mujer

No se cómo comenzar a narrar este acontecimiento que ha sucedido. La verdad es un tanto incómodo para expresar los sentimientos que me surgen. Tal vez cuando me haya calmado un poco, pueda hacerlo. Es que tengo tanta bronca, enojo, ira. No era necesario que sucediera esto. Parece que el tiempo también está mal, hay muchísima humedad, está pringoso, inestable, como si fuera a llover. El calor es agobiante y pesa como caramelo líquido sobre uno. El clima y el estado de ánimo se diluyen ambos en un caldo grasoso y desagradable. Así estoy en este día de verano, aunque aún es primavera. Mi mente está sin respuestas coherentes, no puedo pensar, es como si me fuera a derretir y es así como me siento. Esta sensación emocional aparece y se potencia con la llegada de esa mujer con su porte soberbio y desafiante. No me importa. Realmente en treinta años no se ha dado cuenta que no me interesa lo que ella haga? Pero mueve su cabeza de pelo rubio artificial, y mira de reojo hacia donde me encuentro sentada toda transpirado y sufriendo ese estado de somnolencia por el calor del ambiente. Ella impecable, como si recién se hubiera dado un baño de espuma, me mira y me dice. Dónde está Luciana? Yo con desdén la miro sin ánimo y dirijo la mirada hacia la puerta. Avanza con decisión y toma el picaporte en sus manos pero no puede ingresar. Esta cerrado con llave por dentro. Tiene que esperar en el mismo lugar donde estoy yo. No hay donde sentarse. La única silla la ocupo completa y no me interesa cederla. Se queda de pie sin mirarme, el silencio se impone entre nosotras, mejor, no tengo ganas de decir nada. 

viernes, 1 de septiembre de 2017

1º de septiembre de 2017

Hoy es el día de mi cumpleaños número cincuenta y ocho. Ha pasado el tiempo. Pero me siento bien, joven aún y plena. La vida ha ido pasando aveces con un vértigo inusitado, otras en una calma de sosiego. Yo me siento entera, sin demasiados huecos que llenar. Mi salud es excelente y disfruto de lo que deseo casi sin darme cuenta de ello. Me despierto a la mañana con una sensación de bienestar y paz.
Me sorprende el amanecer con el canto de los pájaros en mi ventana y el maullido de los gatos en el jardín. Quisiera ser un poco menos estructurada, pero trabajo para ello todos los días y hago lo mejor que puedo. Me gusta pensar, y paso horas haciendo. Si me observaran desde algún lugar, dirían que soy una vaga que no hace nada, pero en realidad yo estoy pensando. Pienso en cosas que aún me gustaría hacer, y en cómo hacerlas. También pienso lo que aún deseo con todo mi corazón y me remonto a mis años de juventud cuando comenzaba a vivir y el camino recorrido. Ahí me quedo mucho tiempo. Es que estar pensando en esos tiempos en que uno “abría la boca y creía que se tragaba el mundo” es una sensación rara. Cuanto ímpetu, cuanta energía, cuanta esperanza. Luego los golpes, las dificultades, las vicisitudes, te van noqueando, y volver a levantarse es complicado.
Pese a todo, creo lo fue logrando sin el tiempo necesario para pensar que mis decisiones tendrían consecuencias para el resto de mis días. Y ahí paro. Una cosa que aprendí y me dio excelentes resultados, fue medir las consecuencias negativas y positivas que una decisión trae aparejada. Por lo menos las que podemos visualizar, después están las otras las que surjen de las variables propias de la dinámica de la vida y sus entretejidos sociales, culturales, y económicos.
Los números siempre están presentes en cualquier análisis concreto que se realice y en este, el mío, son favorables para mi. Ahora que considero he pasado la mayor parte de mi vida “viviendo!” creo que mi balance es positivo. Y tomo esta decisión sobre mí, por varias razones. Una, la más importante, siento que soy una persona de bien. Una persona que por lo menos no le hace mal a nadie. Tal vez no sea una persona muy social, pero es lo que puedo por estos tiempos. Y me siento bien conmigo misma. Creo que es lo importante, y con eso me quedo por este año.
Lo que debo seguir practicando es el agradecimiento porque tengo y he logrado mucho de todo en estos largos y bellos cincuenta y ocho años.