miércoles, 23 de agosto de 2017

Ganas de Escribir

Las ganas de escribir

            Me surgen ganas de escribir y tengo que hacerlo en cualquier lado. Será qué tengo algo en la punta de los dedos que me incita a golpear las teclas de la computadora? Pero es así. La necesidad de escribir es poderosa. Pueden ser las tres de la mañana y me despierto en medio de la noche y levanto la compu a la cama y escribo textos como este que no son más que una necesidad de expresar lo que me pasa. Luego el sueño viene nuevamente y dejo todo, me tapo con el acolchado de plumas y duermo hasta la mañana.
            Hoy me preparé el mate pensando que eran las seis y media. Fui al baño, me lavé los dientes y la cara. Pero cuando llegué al dormitorio nuevamente, y miré el reloj del celular, vi que eran las tres!!! Así que nada, tomé mi computadora, a la que le falta la tecla de la eme, y comencé a escribir. Casi sin darme cuenta voy escribiendo dos párrafos de nada, pero escribo como si todo estuviera pensado de una manera inteligente y brillante. Pero sé que no es así.
            Ahora siento que no tengo un tema para hacerlo y el hormigueo me va bajando lentamente a los párpados que me pesan sobre los ojos. Siento ese cosquilleo en la nuca avisando que el sueño es fuerte. Siempre estoy pensando en tantas cosas que se pueden escribir y cuando tengo la computadora en las manos, mi inspiración se diluye como arena entre los dedos.
            Son tiempos aciagos, de desesperanza, de agobio. De no saber que hacer con lo que sucede y con el deterioro del tejido social de este bello y maravilloso país que tenemos.
Ayer, mientras charlaba con vos por audios de whatapps, pensaba en cuantas cosas se rompen y no se recuperan más. Los ancianos que mueren por la desidia del estado sordo, los niños que no aprenden, las mujeres que intentan seguir alimentando y conteniendo a los más débiles. La situación de no tener para comer, de no tener trabajo, de no tener remedios. Esas cosas son las importantes hoy. Yo tengo todo eso, pero me duele el alma, de ver  lo que le pasa al otro, a los otros. La gente durmiendo en la calle, los viejitos, las familias. Los que están porque no tienen otro lugar. Los que han perdido el trabajo, los que han perdido la esperanza, los que han perdido la dignidad.
Mi mate se puso frío y lavado, igual lo ensillo y sigo tomando. Ya son las cuatro y el sueño se está apretando  en mis ojos y detecto una leve molestia. Ahora sé que debo escribir cuando tengo ganas y lo que me surja.
Tal vez de esa manera pueda completar la historia de mi infancia, la de mis abuelas, mujeres fuertes si las hubo, la de mi familia y sobre todo la de mi madre.
Por eso escribir me hace bien, me ayuda a sacar de adentro lo que me acongoja y que también me hace sonreír. La vida sigue y avanza sin que nadie la detenga. El tiempo es inexorable. Pero depende de cada uno disfrutarlo saboreándolo como con un café caliente y dulce un día frío.
Tengo sueño, y ya escribí. Ahora a dormir. Mañana será un nuevo día con cosas increíbles por vivir.



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